SOBRE EL PROGRESISMO Y EL PLN: UNA RESPUESTA A FREDDY MIRANDA
Enrique Gomáriz Moraga
Creo que ya hay pocas dudas acerca de la necesidad de adentrarse en un debate serio sobre lo que se ha planteado desde diversas sensibilidades políticas: ¿Cómo consolidar un proyecto progresista en Costa Rica? De mi parte, coincido plenamente con Luis Paulino Vargas acerca de que, por diversas razones culturales, no se trata de discutir sobre un amplio bloque de izquierdas, sino que hay que plantearlo en términos más amplios y moderados, es decir, en términos de un proyecto progresista multicultural, multiclasista, que integre partidos, organizaciones y ciudadanos y ciudadanas, y que, en términos del espectro político, abarque desde el centro al centro izquierda, incluyendo a los sectores de izquierda democrática.
La consolidación de un tal proyecto progresista tendría múltiples efectos políticos, pero quiero subrayar uno que me parece capital desde el principio: supondría consolidar una cultura política mayoritariamente progresista en Costa Rica. Eso tiene la mayor importancia, porque desde hace algún tiempo, la cultura política costarricense es ambiguamente progresista y no claramente progresista. Por ello, hay quienes, como Jorge Guardia, no pierden la esperanza de que –si se logra que el PLN bascule sobre el centro derecha- la cultura política costarricense se oriente hacia esa orientación (centroderecha), con lo que la virtual derrota de la derecha, sucedida desde el comienzo del nuevo siglo, en términos políticos partidarios, se revierta claramente y se transforme en una victoria política del proyecto de la derecha social en Costa Rica. En pocas palabras, lo que está en juego no es, ni más ni menos, que la hegemonía ideológico-política del país (por decirlo en términos clásicos), o la orientación de la cultura política nacional (por decirlo en términos más inocuos).
Ahora bien, si no hay duda de que es necesaria esa reflexión sobre el proyecto progresista, estoy convencido de que es necesario dejar de comer angustia en cuanto a las posibles consecuencias prácticas del debate. Dicho de otra forma, esta reflexión no debe estar condicionada por la urgencia de “ver una agenda posible de concertación entre la cúpula que lidera el PLN y las fuerzas progresistas de izquierda y centroizquierda”, como plantea Freddy Miranda, en términos de que si no se anticipan claramente esos efectos prácticos, entonces la reflexión no tiene razón de ser. Por el contrario, me parece que es clave limpiar la cancha en términos de entendimiento y luego, si no hay espacio para plataformas de ningún tipo, pues eso se evidenciara, a partir del resultado de un debate franco y abierto, pero no al revés.
La intervención de Freddy Miranda me parece clarificadora, al menos por dos razones: a) porque muestra los registros comunes que compartimos en la reflexión; b) porque ofrece núcleos duros de debate que hay que abordar.
En cuanto a los primeros, creo que compartimos con Miranda la preocupación por la consolidación de un proyecto mayoritario en Costa Rica; también que existe una porción importante pero minoritaria (en torno a un tercio) de ciudadanas y ciudadanos que tendrían esa cultura política claramente progresista y que las estimaciones sobre si esa orientación es mayoritaria o no, dependen de cómo consideremos la orientación del liberacionismo: si creemos que en torno al liberacionismo hay otra porción importante de personas de orientación progresista, entonces tendríamos un bloque sociopolítico mayoritariamente progresista, en caso contrario, el proyecto progresista sólo tendría ahora un apoyo importante pero minoritario.
Por eso es tan decisivo reflexionar sobre la situación del liberacionismo. En este campo, también coincido con Miranda en varios puntos de partida. Creo que, en efecto, el liberacionismo fue una fuerza política de orientación socialdemócrata en el pasado y que esa orientación es mediáticamente mucho menos evidente desde la crisis de los años ochenta. En todo caso, la cuestión consiste en saber si ahora es socialdemócrata o no lo es: ese es un núcleo importante de debate. También coincido plenamente con Miranda acerca de que el PLN tiene “votantes y hasta militantes progresistas”. Coincidencia que tiene una importancia crucial, como veremos más adelante. Lo que cuestiona Miranda, con razón, es que este hecho (que tenga cantidad de votantes y militantes progresistas) pueda llevarnos automáticamente a considerar que el PLN es un partido progresista.
Miranda identifica dos razones fundamentales al respecto: por un lado, saber si el PLN se orienta por “postulados políticos diferentes al neoliberalismo”; por otro lado, plantea la idea de que es la dirección del partido, liderada por Oscar Arias, la que -no siendo progresista- orienta al PLN hacia posiciones neoliberales. Veamos de inmediato ambos asuntos.
Para reconocer con alguna claridad los postulados políticos de una fuerza política no hay más remedio que ir a buscar esos postulados explícitamente. Pues bien, los postulados del PLN están claramente consignados en la resolución de su último (V) Congreso, donde no sólo se reconoce como socialdemócrata, sino que cualquier examen mínimamente riguroso consideraría sus contenidos con esa orientación política. Es decir, en términos político-ideológicos, el PLN se autoidentifica como socialdemócrata, al menos estatutaria y congresualmente. Por otra parte, el PLN es el miembro costarricense de la Internacional Socialista, la organización internacional que reúne a socialdemócratas y socialistas en todo el mundo. Además, utiliza los signos externos de la socialdemocracia y se define como “el partido socialdemócrata de Costa Rica”. Como dice el viejo adagio británico: si vuela como un pato, camina como un pato y nada como un pato, quizás podría suceder que fuera un pato. A menos que creamos que se trata de otro ser vivo que está engañando a medio mundo, además de autoengañándose. Pero hay que admitir que el asunto es algo complejo y no puede ser resuelto con frases lapidarias del tipo de “el papel aguanta cualquier cosa” y cosas por el estilo.
Por eso me parece más consistente el otro elemento que plantea Miranda: es el liderazgo de Oscar Arias el que, siendo claramente neoliberal, consigue orientar en esa dirección a un partido (con un pasado socialdemócrata y que todavía se declara oficialmente como tal). Ante ese planteamiento de Miranda, caben dos opciones: darlo claramente por supuesto o discutirlo con un poco más de detenimiento. Desde luego, si se trata de hacer una reflexión con cierto rigor, parece más conveniente hacer lo segundo.
Ante todo, no hagamos juicios sumarios, ni siquiera de pensamiento, y veamos que tiene que decir el propio acusado políticamente (de neoliberal). Oscar Arias ha emitido varias reflexiones directamente político-ideológicas, para desconcierto de quienes dicen que el cadáver de las ideologías hace tiempo que hiede. Una fundamental llevaba el título: “La socialdemocracia que defiendo”; pero ha emitido en muchas ocasiones la idea de que está convencido de que su propuesta y acción se inscriben en lo que denomina “la democracia moderna”. Quiero anticipar que mi hipótesis es que el planteamiento de Arias no es extraño a los debates de la Internacional Socialista. De hecho, hasta el año 2002, Oscar Arias tenía un referente internacional que mencionaba con frecuencia. El problema es que dejó de mencionarlo desde que el personaje se metió en una aventura militar que resultaba inaceptable para un Premio Nobel de la Paz. Obviamente, estoy hablando de Tony Blair y su tercera vía.
En efecto, para alguien que hace ya algún tiempo ha participado y sigue los debates en la IS, la acusación a Oscar Arias de ideológicamente neoliberal, me resulta familiar. Es muy semejante a la que recibió la tercera vía del “nuevo laborismo” británico de parte de muchos partidos de la IS y en particular del PS francés. Sin embargo, estoy convencido de que el laborismo británico sigue siendo parte de la familia socialdemócrata, aunque lo sea ocupando el centro en el espectro político y, por tanto, siendo el segmento más a la derecha dentro de la socialdemocracia europea.
Y considero que la tercera vía fue durante los noventa muy discutible, pero tuvo el valor de colocar el tema de cómo encarar la globalización de manera más franca que muchos de sus acusadores socialdemócratas, comenzando por el PS francés. Por eso estuve de acuerdo con el grupo de la IS sobre cambio epocal, de no sacar al laborismo británico de la mesa de debates.
Sin tratar de agotar ahora este tema, creo que lo que plantea Arias es claro: no es posible el desarrollo de América Latina y de Costa Rica sin entrar de lleno en el libre comercio. Ahora bien, si se está de acuerdo con esta tesis, la cuestión ya es de orden mucho más puntual: saber si la ratificación de un TLC que no había negociado su gobierno era más conveniente que tratar de darle la vuelta a todo el proceso. Sobre esto se ha discutido bastante, pero quizás haya que discutir todavía más, aunque ya con otro tono que el que primó durante el referendo.
Desde luego, si no se está de acuerdo con la tesis básica que sostiene que el desarrollo tiene hoy lugar desde el aprovechamiento del libre comercio, estamos en otro contexto. Pero entonces la acusación de neoliberal pierde bastante su fuerza, porque esa acusación abarcaría a la mayoría del bloque progresista, comenzando por el PAC, por poner un ejemplo.
Ahora bien, hay que admitir que lo que diferencia claramente al progresismo del proyecto neoliberal es precisamente COMO se aprovecha una sociedad del libre comercio. Si un país se inscribe en el libre comercio para crear riqueza, pero logra redistribuir esa riqueza mediante políticas públicas adecuadas y un gasto social considerable, entonces nos estamos aproximando bastante a la fórmula socialdemócrata y progresista.
Claro, esto conduce a nuestro debate hacia la necesidad de examinar las políticas del Gobierno Arias, algo que desde luego es imposible liquidar en dos párrafos. Pero ya estamos en otro plano: ahora es necesario pasar a la fase probatoria de las acciones concretas y dejarnos de etiquetas fáciles y nada productivas. Como, por otra parte, no creo que sea posible resolver todo el debate planteado de una sola vez, podríamos dejar este asunto medular para una próxima ocasión.
Ahora, para concluir, quisiera plantear solamente un asunto crucial, aunque sólo sea para recuperarlo y colocarlo como núcleo duro de la discusión. Todo parece indicar que si hay una fuerza política que tuvo un pasado socialdemócrata y todavía se declara formalmente socialdemócrata, donde además militan todavía muchos progresistas y tiene un entorno importante también progresista, antes de dejar de contar por completo con esa fuerza (el liberacionismo) debería estudiarse muy bien si es posible conseguir que, en vez de que se consolide como un partido del stablishment, logre recuperarse como una fuerza progresista. En otras palabras: si se es un progresista convencido –y más aun si se es de la izquierda democrática- debería pensarse con cuidado si es más fácil consolidar un proyecto progresista contra o al margen del liberacionismo, o por el contrario, sería más fácil consolidar ese proyecto contando con el liberacionismo. La cuestión es capital y nada simple, pero, en todo caso, refleja el valor del debate que ha planteado Freddy Miranda.
Muchas gracias y saludos.
Enrique Gomariz <enriquegomariz@yahoo.com>